Connect with us

OTROS DEPORTES

El valor de una promesa

La increíble aventura del navegante neozelandés Graham Dalton surcando los mares en solitario a bordo de un velero y la emotiva historia detrás de semejante reto.

Embarcación con la que Graham Dalton participó en la Velux 5 Oceans atracada en el Puerto Deportivo de Getxo. (Fuente: A.G.G.)

ARITZ GONZÁLEZ
Bilbao Ι 2018-01-08 01:25:31

Poco antes de que Graham cumpliera tres años, su madre le regaló un libro sobre vela y predijo que su hijo sería navegante. Él cumplió el vaticinio. La relación de la familia de Dalton con la vela le inculcó un gran sentido de la responsabilidad desde el principio de su educación. “Cuando era joven hice cursos de entrenamiento, pero realmente te empujaban dentro de un barco y eras tú el que tenías que llevarlo”, suele recordar. Siguió con gran fascinación la vuelta al mundo en solitario de Sir Francis Chichester entre 1967 y 1968. Fue entonces cuando descubrió dónde se encontraba su futuro. Durante la travesía de Chichester, una segunda influencia y un principio valiosísimo quedaron grabados para siempre en la personalidad del joven neozelandés. Un profesor de la escuela de vela le dijo algo que nunca olvidaría: “Los sueños que tengas de niño serán los más fuertes de tu vida; no dejes nunca que se desvanezcan”. A partir de aquel día, Dalton decidió que la navegación en solitario sería una de sus grandes pasiones.

Y como buen navegante solitario que ambicionaba ser, empezó a plantearse la posibilidad de dar la vuelta al mundo. El máximo reto. Lo intentó en el año 2002 en la Around Alone, la regata de veleros más prestigiosa y antigua en su especialidad, la navegación en solitario. Es una de las dos más importantes entre las que dan la vuelta al mundo. Se diferencia de la otra, la Vendée Globe, por tener escalas. En cada embarcación sólo viaja el patrón o ‘skipper’ de la misma. Se celebra cada cuatro años desde 1982, aunque durante este tiempo ha tenido diferentes denominaciones, según sus sucesivos patrocinadores.

Dalton participó a bordo del barco Open 60 llamado Hexagon. No empezaron bien las cosas, ya que fue penalizado duramente por completar tarde la travesía previa a la prueba, la que da derecho a la clasificación para el evento. Pero se repuso y en la tercera etapa, entre Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y Nueva Zelanda, comenzó a dar muestras de su verdadera valía. Cruzó como una exhalación el Océano Índico y finalizó tercero. Sin embargo, la siguiente etapa, que llegaba a Brasil, fue catastrófica para él. En primer lugar, la botavara de fibra de carbono de su barco se partió en el Océano Austral, al oeste del Cabo de Hornos. Posteriormente, Dalton vio esfumarse sus esperanzas cuando, una semana más tarde, el barco se quedó sin mástil al norte de las islas Malvinas, lo que echó por tierra cualquier esperanza de completar su primera vuelta al mundo. Se tuvo que dirigir a la Patagonia, donde abandonó. Se veía desvanecido, así, el sueño de su infancia, aquel en el que tanto hincapié había hecho el profesor de la escuela de vela. La razón por la que era navegante solitario.

Pero esto no podía quedar así. Nada más retirarse se puso en contacto con el diseñador Greg Elliott, y con el constructor de barcos Davie Norris. El objetivo era construir un nuevo velero para volver a intentar completar la navegación a través de los cinco océanos. El Hexagon había quedado inservible.

En esas estaba Dalton, planeando su segunda vuelta al mundo, cuando una trágica noticia sacudió a toda su familia. A su hijo Tony, de 22 años, le diagnosticaron un agresivo cáncer que se mostraba resistente a todo tipo de tratamiento. Dalton pospuso entonces todos sus planes de navegar y se consagró en cuerpo y alma a buscar por todo el planeta una cura efectiva. Cuando ya estaba muy enfermo, se alojaron en un hotel de Merlbourne mientras recibía tratamiento. Hablaban bastante. Fue su hijo quien le animó a continuar con las regatas. “Es lo que más deseas”, le dijo en una ocasión. Entonces Dalton le prometió que no iba a suceder como en la anterior ocasión y que no iba a abandonar. Tony murió el 21 de diciembre de 2005. Fueron momentos muy duros. Pero cuando superó la época más amarga, Dalton era otro hombre. Más fuerte mentalmente. Una única idea le rondaba la cabeza y nadie se la iba a quitar. Tenía que conseguir dar la vuelta al mundo. Por él mismo, pero sobre todo, por Tony. Se lo había prometido.

VELUX 5 OCEANS

La oportunidad no le tardó en llegar. En octubre de 2006 iba a salir de Getxo la Velux 5 Oceans, la misma regata que no pudo finalizar cuatro años atrás, pero con otro nombre debido al nuevo patrocinador. Para muchos, se trata del evento deportivo más duro del mundo. No en vano, han conseguido superar esta prueba menos personas que las que han escalado el Everest. Aproximadamente veinte veces menos. Un dato apabullante. Elliott y Norris ya tenían el velero a punto, un nuevo y flamante Open 50. Como homenaje, llamó al barco A Southern Man – AGD (Un Hombre del Sur y las iniciales de su hijo).

La regata constaba de tres etapas: Getxo-Fremantle (Australia), Fremantle-Norfolk (Estados Unidos) y Norfolk-Getxo. Se preveía que acabase hacia finales de abril de 2007, tras seis durísimos meses. En total, 30.000 millas de recorrido, unos 55.500 kilómetros. Dalton fue el último patrón en llegar a Getxo. Lo hizo en la mañana del día 9 de octubre, después de una costosa travesía a través del Océano Atlántico. El veterano ‘skipper’, único participante del hemisferio Sur, señaló al desembarcar que había completado la travesía transoceánica más prolongada de su vida, y que las olas que le acompañaron durante los primeros días habían sido las más grandes que nunca había visto. Tuvo que atravesar varios huracanes y pasó una septicemia por una herida infectada, además de romper los dos timones. Para colmo, se enfrentó a las calmas en medio del Atlántico. Sin embargo, esto no era nada comparado con lo que le esperaba. Para empezar, era el único participante a bordo de un Open 50 en vez de un Open 60 (tres metros más pequeño y con menos vela), por lo que se le iba a hacer difícil competir con los demás. Pero como bien apuntó sir Robin Knox-Johnston (inglés, otro de los participantes, y primera persona que completó una vuelta al mundo a vela en solitario y sin escalas), “Graham Dalton corre en otra regata”. Una mucho más importante: la del recuerdo de su hijo. Una foto suya le iba a acompañar durante las tres etapas. “Él vendrá siempre conmigo, también dará la vuelta al mundo”, decía emocionado cada vez que los periodistas le sacaban el tema.

La regata comenzó el día 22. Todos los participantes zarparon ese día, salvo Dalton. La víspera, su barco sufrió un nuevo contratiempo. El mástil de carbono, que estaba siendo revisado, apoyado en unos caballetes, fue arrojado al suelo por una racha de viento y sufrió pequeños daños junto a algunos accesorios. Eso no impidió, sin embargo, que se presentara en la salida como un aficionado más, para despedir a sus colegas. Vestido con un pantalón de chándal verde oscuro con una franja naranja, y un forro polar rojo, atendió muy amablemente a los pocos que le reconocieron. Hubo incluso quien se sacó fotos con él. Con el hombre del Sur. El que venía a la Velux para cumplir el sueño de dos personas. Tony seguía en el recuerdo.

Cuando soltó amarras Knox-Johnston, y tras despedirse de todo el mundo, alzó el brazo en dirección a Dalton, que le observaba desde tierra. Fue el último a quien quiso saludar una leyenda viva como el inglés. El neozelandés devolvió el gesto, emocionado. Los patrones no se habían cansado de repetir el mérito añadido que tenía la prueba para Dalton. Desde el principio fue justamente reconocido y querido. Además, en un universo tan reducido como el de la navegación sin acompañantes, todos se conocen. No hay rivales, sino amigos. Las relaciones se estrechan más que en ningún otro deporte. La solidaridad de los solitarios.

Tras arreglar todos los desperfectos, el ‘kiwi’ pudo salir el día 27, casi una semana después que el resto. La victoria de esta primera etapa navegaba muchas millas por delante. Pero Dalton perseguía un triunfo mayor. Con dedicatoria especial.

Apenas una semana aguantó el A Southern Man – AGD antes de tener que volver a puerto. Fue en el de Porto Santo, al este de la isla de Madeira, para solucionar los problemas del timón de babor. Como se trataba de una parada no prevista, la organización le penalizó con 48 horas en tierra antes de poder volver a navegar. A Dalton le pareció excesiva la sanción, ya que “el solo hecho de tener que abandonar la regata para reparar el barco resulta un castigo suficientemente grande para un patrón”.

Mes y medio después de salir de Madeira, y cuando ya había cogido un buen ritmo de navegación, Dalton tuvo que volver a parar. Esta vez fue en las Islas Kerguelen, para reparar las velas. Pocos días más tarde llegó el primer aniversario de la muerte de Tony. Dalton lo vivió solo, en alta mar, dándole vueltas a la cabeza. Motivación extra.

En Nochebuena tuvo que bregar contra un vendaval de hasta 70 nudos y olas gigantes. En varias ocasiones fue arrastrado por la cubierta debido a la fuerza de las olas, y sufrió magulladuras y golpes que mermaron su, ya de por sí, deteriorada condición física, tras acumular dos meses en la mar.

El 2 de enero, 71 días después de que empezara la regata, Dalton llegó en un meritorio cuarto lugar a Fremantle, al oeste de Australia. Allí, cerca de casa, le esperaban familiares, amigos y el equipo de tierra encargado de la puesta a punto del barco. Pero faltaba una persona: su mujer. Nada más poner pie en tierra firme, le informaron de que le habían practicado una mastectomía para atajar el cáncer de mama detectado. Sucedió durante el transcurso de la etapa, pero no quisieron decirle nada hasta que no la acabara, para no preocuparle. El ‘kiwi’, pues, se quedó sin poder celebrar el haber llegado sano y salvo a Fremantle.

Pero la segunda etapa todavía le iba a deparar más desgracias. El 27 de enero, 13 días después de zarpar de Australia, se vio obligado a parar en su país –concretamente en el puerto de Bluff– para reponer sus provisiones, contaminadas por un derrame de gasóleo en su barco. Al igual que le sucedió en Madeira, tuvo que permanecer las 48 horas reglamentarias en tierra, pese a haber solucionado el problema antes de ese tiempo. El 13 de febrero se fracturó dos dedos de una mano por un accidente a bordo. Una semana después tuvo que volver a parar, esta vez en Puerto Stanley, capital de las Islas Malvinas, para reparar el velero, zarandeado por los temporales.

Lo peor le ocurrió en marzo, cuando sufrió la rotura de uno de los timones, tras chocar de noche contra un objeto no identificado. Se dirigió al puerto brasileño de Fortaleza. Cuando estaba saliendo de allí, notó que una pieza fundamental se desprendía del barco. Se trataba del bulbo, el elemento de varias toneladas que va sumergido junto a la quilla y que confiere al velero la estabilidad necesaria. Sin él no se pueden controlar estos barcos. Lo buscó en el fondo del mar. Como no lo encontró, decidió construir otro en una fundición brasileña. Cuando ya estaba listo, unos ladrones le robaron los equipos electrónicos y los sistemas de navegación. Días después sufrió una fuerte gastroenteritis que le produjo una grave deshidratación. Tras 20 días atracado, le reventó la unidad del timón que está conectada a los pilotos automáticos cuando había salido de puerto a realizar pruebas con el nuevo bulbo. Llegados a este punto, cualquier otro habría tirado la toalla. Pero Dalton no. Tras las desgracias de Brasil fue precisamente cuando empezó a forjarse su leyenda. En concreto, después de que dijera una frase que debería pasar a los anales de la historia: “Nevará en el Ecuador antes de que yo abandone esta regata”.

Por fin salió de Fortaleza el 4 de abril, tras cerca de un mes en Brasil. Debía llegar a la meta de la segunda etapa, en Norfolk, antes del 22 de abril para poder seguir en competición. Cuando todo parecía a su favor, se vio obligado a parar en las Bermudas por culpa de una tormenta que le dejó sin su vela génova y con graves daños en el piloto automático. Por la penalización de 48 horas, no llegó a tiempo a Norfolk. El colmo de la mala suerte. Arribó al puerto norteamericano el 25 de abril. Medio año después de zarpar de Getxo, estaba descalificado. Tan cerca ya de acabar. Todos los patrones se solidarizaron para que le readmitieran. Unai Basurko, por ejemplo, el ‘skipper’ vasco que participaba, afirmó que “la normativa necesita de una interpretación del jurado porque todos los patrones y la afición estamos de acuerdo con que siga en carrera. Yo estaré en Bilbao para recibirle como si hubiera ganado la Velux 5 Oceans. Me sentiría orgulloso si nuestra gente le ofrece una hermosa bienvenida”. El aluvión de peticiones fue en vano. Dalton estaba eliminado.

Pero ya se había ganado el cariño y la admiración de todos. Él era el ganador de la regata. No oficial, pero sí moral, que no es menos importante. En Norfolk le recibieron con una espectacular bienvenida y le trataron como a todo un campeón. Por supuesto, se reafirmó en su idea de completar la circunnavegación. Sacó el barco a tierra (usando todas sus dotes de persuasión, porque el presupuesto se le había agotado hacía semanas) y se centró en ponerlo a punto. Durante un mes entero no hubo noticias suyas. Según otros navegantes, ni su esposa pudo hablar con él. Su hermano Grant aseguró que no tenía ni idea del paradero de Graham, pero que estaba tranquilo porque era un hombre de recursos.

El 1 de junio salió de Norfolk. Sufrió su enésimo contratiempo, que a punto estuvo de hacerle entrar en Galicia, por una avería en los timones que le provocó problemas para gobernar su velero. Pero pudo continuar.

El lunes 18 de junio fue un día grande. A las 3.15 horas de la madrugada atracó en el Puerto Deportivo de Getxo. Ocho meses después, Graham Dalton estaba de vuelta. El recibimiento fue apoteósico. Pese a la hora tan intempestiva a la que llegó, en las últimas millas de su accidentada singladura estuvo acompañado por varias embarcaciones. Además, numerosos aficionados le vitorearon como si fuera el ganador. En parte lo era. De su particular regata. La de la promesa hecha a Tony. Entre los espectadores estaba Basurko, quien, vestido con la camiseta del Athletic, subió al velero de Dalton y le agarró por la cintura, subiéndole unos palmos del suelo en un cariñoso gesto. Luego se fundieron en un emotivo abrazo.

“Mi hijo y yo lo hemos conseguido y ahora puedo dejarle marchar”, fueron las primeras palabras de Dalton, aún emocionado, y que estaba intentando asimilar lo que había conseguido. Los allí congregados no dejaban de ofrecerle muestras de cariño. Al igual que el día de la salida, el neozelandés no negó ni un solo apretón de manos pese al evidente agotamiento que arrastraba. Elegante hasta en las situaciones extremas. Y triunfador. Se veía que la gente se alegraba sinceramente por él. Lo había merecido con creces.

Tan halagado quedó con el recibimiento de los getxotarras, que se quedó en esta localidad, de vacaciones, hasta mediados de agosto, dos meses después de haber acabado la regata. “No quiero irme. He pasado mucho tiempo hablando con la gente de Getxo. Todos están pendientes de lo que necesito. Conozco muchas ciudades. Lo que las hace distintas es la gente. Y éste es mi nuevo hogar. No soy un turista, me siento de aquí”, declaró al diario El Correo poco antes de volver a Nueva Zelanda.

En estos dos meses siguió concediendo entrevistas en las que se reafirmó en los ideales luchadores e inconformistas de los que hizo gala en toda la regata. Muchas de las preguntas que le hacían tenían que ver con Tony. Algunas de sus respuestas ponen la piel de gallina. Como ésta: “Lo he hecho. Por mi chaval. Ha sido toda una prueba. Ir contra esas tormentas solo, sabiendo que tal vez no sobrevivas, es terrible. Pero si peleas mucho y vences, si tras una semana de tempestad sale el sol para guiarte, te sientes fuerte y grande”. Él lo sabe mejor que nadie. O esta otra: “He sentido la presencia de Tony muchísimas veces. Recuerdo el día de su cumpleaños, en mitad del Atlántico. Llovía a mares, navegaba en mitad de la niebla. Susurré: ‘dime que estás ahí, que puedo contar contigo’. Entre las nubes se coló un rayo de luz. Duró apenas 30 segundos. Me tranquilizó. La última vez que lo sentí fue la noche en que llegué a Getxo. Estaba a 10 millas del puerto y me dijo ‘papá, en este momento te tengo que dejar’. ¿Fue la emoción del momento? ¿El cansancio? Sé que todo está en mi cabeza, pero lo siento así”. Sobrecogedor.

Graham Dalton demostró al mundo entero que no son válidos los límites que en ocasiones nos auto-imponemos para evitar hacer aquello que nos resulta difícil o que nos da pereza. Somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos. Dio una lección con su forma de entender la vida. Siempre en positivo y sin rendirse jamás. Y de paso, recordó algo sagrado: el valor de una promesa.

Siga leyendo
Aviso
Toque aquí para comentar

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

LOS TEMAS MÁS VISTOS

FACEBOOK

Copyright © 2017 FIEBRE DEPORTIVA SL redaccion@fiebredeportiva.com

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
CANTERA
Berizzo probará a Raúl García detrás de Muniain
Etxeita, rumbo a Huesca dos años, no viaja a Holanda
Un equipo que huele a titular arrolla al Barakaldo
Novedades para empezar la temporada

No hay fichajes, pero sí cambios en la estructura técnica de...

“No se nos puede exigir en 15 años el nivel que alcanzaron los hombres en más de 100”

ENTREVISTA / AINHOA TIRAPU

Damaris Egurrola, en el equipo ideal de la Liga Iberdrola

La jovencísima jugadora del Athletic, entre las más votadas por entrenadores...

Un duro rival en semifinales

El Athletic se enfrenta al Barcelona por una plaza en la...

MUNDIAL DE RUSIA 2018
Un justo campeón del Mundo

Francia fue la mejor selección del campeonato aunque su fútbol no...

La hercúlea Francia ya es bicampeona

Aplasta 4-2 por su poderío atlético y manual táctico a la...

Francia y Croacia disputarán la inédita final del Mundial de Rusia 2018

Las semifinales de la Copa del Mundo dejan con la miel...

GIRO DE ITALIA 2018 ITZULIA 2018 TOUR DE FRANCIA 2018
Ciudades con encanto

Magnus Nielsen gana la etapa por delante de Jon Izagirre en...

Doce triunfos vizcaínos en el Tour

Desde Federico Ezquerra hasta Omar Fraile, sólo David Etxebarria repitió victoria...

A sangre fría

El santurtziarra Omar Fraile consigue a lo grande la primera victoria...

Jon Rahm no pasa el corte en el British Open

Una desastrosa segunda jornada le hace despedirse de Escocia antes de...

Inacabada remontada de Jon Rahm en el Irish Open

El vigente campeón finaliza en el 4º puesto

Jon Rahm recupera buenas vibraciones y finaliza 5º el Open de Francia

El sueco Alexander Noren campeona en Guyancourt

Jon Rahm no pasa el corte de un US Open que revalida Brooks Koepka

A lo largo de las dos únicas jornadas disputadas, el vasco...

¿ES EL ENEMIGO?: QUE SE PONGA

JON RIVAS

NO A LA PORNOGRAFÍA INFANTIL

JON RIVAS

EL AVISO DEL LEÓN

DAVID ESPINAR Analista deportivo y de comunicación

¡OH CAPITÁN, MI CAPITÁN!

IÑIGO MARKINEZ

Jonnhy Sexton, una retirada a tiempo

El apertura irlandés falló dos golpes y tras unas molestias en...

Los rusos toman Fadura

El Enisei vence al Heidelberg alemán en la final de la...

Con los nervios de acero

Un golpe transformado por el neozelandés Gareth Anscombe en el último...

La final de la Champions Cup de rugby pone el cartel de “no hay entradas”

Quedan aún alrededor de 2.500 localidades para la final de la...