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MUNDIAL DE RUSIA 2018

Paso silencioso al reto de Messi

He vivido con mucha más pasión las citas de antaño, esta Copa del Mundo no la veo venir, puede ser la de Leo

Messi, a su llegada a Rusia. AFA

Reconozco que ando algo despistado y hasta ayer desmotivado con el Mundial de Rusia. La temporada del Athletic me ha dejado tan mal cuerpo que pensé en darle una patada al balón y no volver a cogerlo hasta agosto, pero lo nuestro es tan adictivo que uno empieza a buscar hasta partidos de la fase de ascenso a Segunda y se ha metido de nuevo en faena con la lucha por ese puesto que queda para ascender a Primera, que se resolverá ya con el Campeonato del Mundo en marcha. Voy con el Numancia, lo digo desde ya. Me alegraría mucho por el tándem Arrasate-Alkiza, dos tipos entrañables al mando de un equipo con una columna vertebral rojiblanca. Aitor Fernández es hoy ese porterazo que tanto gustaba a Llopis, Iñigo Pérez manda sobre el verde como le hizo creer Bielsa y Guillermo empieza a encontrar el gol con asiduidad. Un chico bueno, al que le faltan colmillos y los está sacando. Tampoco me puede olvidar de Markel Etxeberria, un proyecto de lateral engullido, y Unai Medina, con un nivel técnico superior al físico.

Vayamos al lío mundialista. Decía que estoy más frío que hace años, cuando ya sólo el genial álbum de los Panini me metía de lleno en faena. Mis primeros recuerdos son los de Johan Cruyff en el Alemania’74, aunque también Beckenbauer andaba ya por ahí conduciendo la pelota mirando al tendido. Yo trataba de imitarle en el patio, pero me robaban el balón enseguida. Uno de mis ídolos fue Mario Alberto Kempes y me alegré por él en la victoria de cuatro años más tarde, en Argentina’78. Ya sé que aquel sospechoso 6-0 a Perú lo manchó todo. Del Mundial 82 recuerdo el ridículo de España, sufriendo para pasar en un grupo cómodo que permitió que jugadores mediocres de Honduras como Arzú, Costly y Zelaya se colasen en nuestra Liga, del gran ambiente del Francia-Inglaterra en Bilbao y la presencia de dos mis ídolos del fútbol en la capital esos días: Kevin Keegan y Michel Platini. Con el primero, hasta llegamos a dar unos toques de balón en Ereaga. Lástima que en aquella época no había móviles para tener vídeo o foto. Aquella semifinal Francia-Alemania 3-3 fue tremenda. Me hice ‘bleu’ con aquel medio campo Giresse, Tigana y Platini. Por eso fui con Italia y lo celebré tanto o más que Sandro Pertini en aquella final que terminó de coronar a Paolo Rossi. Brasil era otra maravilla con Sócrates, Falcao y Toninho Cerezo. Pero tener un mal portero, Valdir Peres, y un nueve peor, Serginho, la reventó. La pena fue que Mágico González jugaba en El Salvador y no con ellos. Me enamoré de Boniek y aluciné con el férreo marcaje de Gentile a un Maradona que ya ofreció sus primeras genialidades.

El Mundial de México’86 fue el primero en el que creí que España podía hacer algo grande. La noche de los cuatro goles de Butragueño (al que admiré por su fútbol) y el atrevimiento de Goikoetxea a tirar aquel penalti con el partido igualado hizo pensar en un milagro. Me caía muy bien Miguel Muñoz. Los penaltis ante Bélgica le cerraron la puerta en cuartos. Fue la cita del gran Maradona, capaz de hacer el gol del siglo a Inglaterra y disfrutar tanto o más en la celebración con su gol estafa bautizado como la Mano de Dios ante el señor Shilton. Ganó el Mundial como quiso. Sus eslalons no se habían conocido en el fútbol y sólo los ha logrado imitar, y superar, Leo Messi. Eso sí, a Maradona le tiraban los rivales con perdigón de lobo. Algo que ahora está prohibido. Me hizo ilusión el trofeo de Gary Lineker como goleador. ¡Cómo le humilló Cruyff en el Barcelona tirándole a la banda!

Italia’90 me pareció un tostón. Fíjense que el máximo goleador fue el siciliano Toto Schillaci. Argentina jugó muy perramente, amparada en el parapenaltis Goycoechea. España hizo una buena primera fase, pero se hundió ante la Yugoslavia de Stojkovic. Andreas Brehme, el ídolo inesperado en la final me fascinaba por pegarle igual de bien con las dos piernas. Creo que el penalti de la final lo tiró con la derecha, aunque jugaba en el costado zurdo. Luego acabó arruinado, vagabundeando.

Mejor fue el Mundial’94, para el que Javier Clemente preparó un equipo de hierro. Pese a ser en Estados Unidos y sentirlo extraño, fue una cita que me marcó. Ya estaba trabajando como periodista deportivo y alucinaba con los líos de la Prensa con el seleccionador. Yo me posicioné entonces con El Rubio, que no dejaba de ser Athletic. Fue dolorosa la derrota ante Italia (que se lo digan a la nariz de Luis Enrique), aunque por allí andaba el budista Roberto Baggio para dar la estocada a España. Cruel destino, falló el penalti que dio el título a una Brasil cicatera de Parreira en la final, con Dunga, Mauro Silva y Mazinho en el pivote, aunque me dio más pena por Franco Baresi, un líbero de época. Más caro le salió al pobre Andrés Escobar el autogol con Colombia. La sanción a Maradona por dopaje en pleno Mundial empezó a enterrar su figura. Salenko, con cinco goles a Camerún, se llevó la gloria individual como realizador junto al gran Hristo Stoichkov. Comenzó mi idilio con Romario, quizás el mejor nueve de la historia.

Francia’98 fue un sonado fiasco para España, que no pasó en un grupo con Nigeria, Paraguay y Bulgaria. Ronaldo, El Gordo, estaba destinado a comerse el mundo, pero aquel susto en la previa de la final ante Zidane y compañía dejó paralizado a su equipo, que se llevaría la final 3-0 con dos tantos de Zizou. Suker llevó a Croacia hasta la tercera plaza. Fue un nuevo fracaso de Colombia, una selección que se quedó sin destacar con una generación maravillosa puesta en la vía por Maturana. Y qué decir de la pobre Inglaterra del bebé Owen, que venía a comerse el mundo. se quedó en los penaltis ante Argentina, que luego caería ante una Holanda que no llegó a la final por la tanda ante Brasil. Los tulipanes se han quedado un montón de Mundiales con la miel en los labios. Con Kluivert, Bergkamp (nunca viajaba en avión), el gran Van der Sar, Cocu y los De Boer estuvo muy cerca del éxito, aunque el gol de Kluivert que forzó la prórroga llegó a tres minutos del final.

Corea 2002 y aquellas sudadas de Camacho en el banquillo, fue un Mundial extraño. Arbitrajes favorables al margen, Hiddink hizo un milagro con los anfitriones, que se colaron en la semifinal. Había 32 equipos y se hizo pesado. Fue el Mundial de Kahn y Ronaldo, que renació en el Extremo Oriente. Sus dos goles en la final me alegraron. Siempre me había parecido un tipo simpático. Hubo sorpresas a mansalva, como aquel 1-0 de Senegal a Francia o el 3-2 de Estados Unidos a Portugal. La mayor campanada fue la eliminación de la Argentina de Marcelo Bielsa, que con un equipazo y se marchó de buenas a primeras para casa. Eso sí, fallando no menos de quince ocasiones ante Suecia. Turquía aprovechó un camino expedito, con Japón y Senegal en los cruces, para terminar tercera. Alemania llegó a la final picando piedra, con tres victorias por 1-0. Tiró de Ballack y Kahn. Se puede decir que Brasil fue pentacampeona de calle.

El Mundial 2006 de Alemania fue el de Zidane (empañado por su cabezazo a Materazzi), aunque se lo llevase Italia gracias a ese monstruo llamado Buffon. Siempre he tenido dudas de si ha sido mejor Zoff, entrañable por su parecido con Iribar, pero el otro mito de la Juventus creo que ha terminado por superarle. España pintaba bien con Luis Aragonés, pero se le cruzó la Francia de Zizou, Ribèry y Vieira. Nadie pensó en ese final tan temprano tras adelantarse Villa. Fue el final de Raúl González. Alemania, con Klinsmann en el banquillo, fue muy ofensiva con Klose y Podolski, pero quedaría tercera. Cristiano Ronaldo llevó a Portugak hasta semifinales.

Lo de Sudáfrica lo conocen de primera mano. El primer título para España con dos ex leones, Javi Martínez y Fernando Llorente, testimoniales en una selección de escándalo. Y eso que Casillas fue tan decisivo en su parada a Robben como Iniesta con su gol que dio el título a Del Bosque y un premio, el Nikon, a mi inolvidable compañero Juan Flor por captarlo de diez con su cámara. El gran fútbol de España lo eclipsaría todo. Apenas se acuerda el personal de que empezó perdiendo con Suiza. Se levantó ante Honduras y la Chile del Bielsa más calculador que he visto. Cierto es que en fútbol, La Roja marcó más distancias que en resultados. De ahí hasta la final, ganó todos sus partidos 1-0, a Portugal, Paraguay (penalti parado de Casillas incluido) y Alemania. Ese fue el marcador con Holanda.

El 2014 de Brasil supuso una triste despedida para Del Bosque. El 5-1 de Holanda, que se vengó con ganas de lo de Johannesburgo y acabaría tercera, dejó sin aire a una Selección que quizás llegó a la cita con la tripa llena. Fue el Mundial de Neuer y Messi. También del colombiano James, que este año ha recobrado en el Bayern el fútbol que le llevó al Madrid. Se vivió con mucha pasión, como merece el país del fútbol. El gol de Goetze en la prórroga hizo temblar a Maracaná, que no quería un triunfo argentino. Argelia y la Costa Rica de Keylor Navas hicieron grandes cosas. Los Ticos quedaron por delante de Uruguay, Italia e Inglaterra en su grupo. Van Gaal dejó su sello cambiando con tino al portero en los penaltis, metiendo a Tim Krul en cuartos. Suárez iba para héroe y se convirtió en villano por el mordisco a Chiellini. Lo que nadie esperaba fue el Maracanazo de Alemania a Brasil en semifinales, con el inolvidable 7-1. Es la imagen con la que me quedo de cara a un Mundial, el de Rusia, que se presenta con muchas incógnitas. Messi, Cristiano y Neymar son las estrellas. Veo fuerte a Brasil, pero Alemania y España tienen mucho equipo. Y Argentina, a Messi. Es la muesca que le queda a Leo. Y si se empeña de verdad…

 

 

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